lunes, 24 de septiembre de 2018

Walser, traductor del limbo. De Vanesa Guerra Librería Volcán Azul, Córdoba, 23 de Agosto de 2018. Presentación por Claudia Salazar Jiménez





Walser, traductor del limbo
De Vanesa Guerra

Librería Volcán Azul, Córdoba, 
23 de Agosto de 2018. 


Por
 Claudia Salazar Jiménez





Hace algunos años, en un agosto como ahora, pero de 2012, al que Vanesa se ha referido como “uno de los fines de semana más alocado de su vida”, la escuché hablar por primera vez de Walser. Y en esa habla, también la idea de lo que sería este libro que presentamos hoy. Recuerdo la pasión de Vanesa al hablar de este autor, del que yo tenía alguna referencia por el texto La loca de la casa de la española Rosa Montero, en referencia a la crisis que le impidió seguir publicando y su posterior internamiento en un hospital mental. Recuerdo también haber adquirido algún tiempo después tres libros de Walser, pero no recuerdo si fue en Lima, o en Buenos Aires o quizás en Madrid. Recuerdo que, entre obligaciones y trabajos, los libros quedaron en el anaquel, esperando.

El año pasado, de visita en Buenos Aires, Vanesa anunció que el libro de Walser estaba por salir. Y hace algunas semanas, a casi un año de su publicación, coordinamos esta presentación en Córdoba. Pensé entonces que debía leer a Walser antes de leer el ensayo de Vanesa. Comencé entonces, por recomendación suya, con El bandido. Con esta novela, me sucedió algo que raramente me pasa: la novela me expulsó. Habré intentado comenzarla y seguirla tres veces y el resultado es bastante similar: la novela me deja en la intemperie. Leí entonces el ensayo de Vane, más que para preparar esta presentación, por el motivo más vital de entender esta expulsión que me provocaba el texto de Walser.

Vanesa Guerra escribe un paseo. Una invitación y bienvenida a recorrer la multiplicidad de lo que ella llama la lengua Walser, en siete capítulos donde más que una interpretación, Vanesa propone una caminata de siete capítulos por las constelaciones de sentido Walserianas, tanto en sus novelas como en las resonancias de su escritura en otros autores como Jelinek, Deleuze, Hoffman, Freud, Walter Benjamin, Macedonio Fernández. Leer a Walser, parece proponernos Vanesa, es leer a otros.

Esta lengua Walser, “es y sólo es, desvaneciéndose” (22). Vanesa articula un modo de comprensión de lo literario a la que cierta crítica debería prestar más atención. Ella no propone una hermenéutica o pura exégesis de los textos, sino que su propia mirada toma la estética vital del autor y la hace crítica.

Los siete capítulos de Walser, traductor del limbo, proponen un paseo por Walser y este paseo, como bien lo señala Vanesa, “no es el recorrido que produce una historia, sino que es una sucesión de instantes que transcurren y se disuelven” (22).

Cada capítulo es un instante de lectura donde Vanesa desgrana la textualidad Walseriana y la sitúa en diálogo con otros relatos, con otras voces, con otros autores. Desde el inicio, la figura del Yo en exilio se convierte en la imagen central de Walser y su escritura, ese Yo siempre partiendo, siempre yéndose pero que no termina de llegar. Como siempre se está yendo, esta escritura se desborda. El exilio como estado de dislocación permanente del ser. El desarraigo es para Walser una manera de vivir, organizando una lógica que lo coloca fuera de la circulación literaria y vital. El exilio, no es una situación de excepción, sino su manera de estar en el mundo, su manera de vivir y, al mismo tiempo, de escribir. La de Walser es una escritura del exilio que no depende del desarraigo o dislocación geográfica sino del desarraigo de s’i mismo. ¿Cómo asirla, entonces? Vanesa nos dice: “en esta poética teórica, voy a decir que cada vez que escribo Walser, no pienso en él, no pienso en ese hombre delgado, grosero y elegante, caminante sin par, bebedor de cerveza en cantinas dispersas a la vera o entreveradas en los bosques de los Alpes, no: solo pienso o vibro en la letra, tan corpórea y tan evanescente, tan salida de sí, tan pariéndolo como si fuera su propio hijo, afuerísima, letra afuerísima del cuerpo, fugada del yo”. (23)


Y entonces, la felicidad, y entonces, el limbo. Walser es también un exiliado del deseo, se sitúa en esa lengua menor que recurre siempre a la intemperie como la zona donde la felicidad se puede escribir aún a riesgo (o quizás por eso mismo) de quedar entre, aquel lugar donde nadie ve pero nadie tampoco escucha. Vanesa detecta este limbo y esta soledad primordial de Walser. Él, que no era escuchado, que era ninguneado, que era exiliado, ha encontrado en Vanesa Guerra un oído atento, un oído que le ha abierto la puerta de su casa, una escucha que le da hogar. ¿Y qué es la amistad sino esa escucha amorosa, ese darle habitación?  Celebro la aparición de este libro y nuestra amistad, que es, como ella lo indica “una clase de amor que festeja y sostiene bien las ideas” (83)



con Claudia Salazar y Daniela Mac Auliffe 



Fotos en la librería Volcán Azul- Córdoba, Argentina 2018


Nota que viene al caso > en 2012 en Buenos Aires, presentábamos junto a Claudia Salazar Jiménez y otras amigas  "Voces para Lilith. Literatura contemporánea de temática Lésbica Sudamericana"  Estruendomudo, Peru 2011. Celebrábamos, entonces,  la hermosa y vastísima antología, primera en su apuesta, compilada entre Claudia y Melisa Gheza. Aquellos días fueron vividos en manada y a pura amistad.  



Iluminarse con la noche. 18 notas sobre Walser, traductor del Limbo por Clara Beter


Iluminarse con la noche:
18 notas sobre Walser, traductor del Limbo
por Latfem.org




























El quinto libro de la escritora argentina Vanesa Guerra es un conjunto de ensayos breves sobre el particular escritor suizo Robert Walser. Clara Beter hizo una lectura del libro y comparte sus notas fugitivas a modo de comentario y reseña.

Fotos de Diego Martínez para Tiempo Argentino
(Gentileza)


-2. Krieg mit Walser. Krieg: Guerra; Mit: con; Walser: Walser.

-1. Intento encarar el comentario de Walser, traductor del Limbo, de Vanesa Guerra, como encara ella misma su escritura, como una transversalidad fugitiva. Una fuerza que atraviesa el lenguaje para buscar salidas que horaden el muro de los dualismos rígidos, las certezas burocráticas, las identidades sedentarias, las lenguas calmas de la academia. Entonces, literariamente, placer verbal donde la verdad resuena.

- 0. Guerra reflexiona sobre Walser. Primero en esa soledad poblada del acto de lectura, luego en el convite que nos hace: acercarse/nos a la “llamada literatura enfermiza” porque las lecturas “sanas”, teleológicamente, nos proponen un “futuro desolador”. Las comillas atrapan las palabras de Robert Walser, suizo y escritor, punto de reflexión del Walser de Guerra.

1. Si bien Guerra no lo sugiere, podemos pensar a Walser bajo la figura del extranjero: quién llega hoy pero que mañana no se va; que, si bien ha llegado, (aún) no se ha asentado. El extranjero Walser es una figura que encarna proximidad y distancia respecto de las cosas, pero también dentro de la sociedad en la que se ha establecido: la suiza, la alemana, el hospital psiquiátrico: “la distancia, dentro de la relación significa que el próximo está lejano, pero el extranjero significa que el lejano está próximo”.

2. El subtítulo del libro, “un ensayo”, nos adelanta un entusiasmo. Género libre, con su discurrir entre las ideas presente, sin límites formales para rondar a Walser, con elementos novelescos y poéticos, “el ensayo piensa junto en libertad lo que libre y junto se encuentra en el objeto elegido”, dirá Adorno. ¿Qué o quién es Walser? Un suizo de Biel/Bienne, ciudad del cantón Berna. El nombre doble de la ciudad indica una zona lingüística fronteriza entre el alemán y el francés, pues Suiza es una nación cuatrilingüe. ¿En qué lengua sueña Walser? ¿Cómo traduce en la vigilia los restos de nocturnidad?







3. Walser se encerró voluntariamente en una famosa clínica psiquiátrica, la Waldau de Berna, en la que trabajaba su hermana –Liza– porque sufría de ansia y alucinaciones. Las diferencias tuvieron destino de encierro y fueron medidas con la técnica médica. Más luego, ya sin su voluntad, en el psiquiátrico de Herisau, en donde quedó 23 años. Sea: ¿cómo se sale de una imaginería como esta? 23 años. Pues: en sus fichas médicas se registró que “el paciente confiesa escuchar voces”. Son las fuerzas que brotan del cerebro, que ponen el Yo fuera de Sí y cuando sucede “el cuerpo no ayuda, no despabila, obedece a otro amo. […] son el sello de la obra de Walser”, escribe Guerra.



4. La deriva como condición del espíritu. El libro piensa a Walser con categorías como “infinita variación”, “movimiento”. Y son representativas de Walser, pues volvió caminando de Alemania, de Stüttgart, a Suiza, en uno de sus tantos y larguísimos paseos de migrante. Fue uno de los primeros escritores en lengua alemana que introdujo en la literatura la vida de los trabajadores asalariados, y sus héroes a menudo son vagabundos: travagan. Es el caso de Jakob von Gunten (1909), un niño que quiere aprender a servir para tener un buen amo, porque a ser un buen esclavo, dice Walser, se aprende. Ni el niño ni Walser consiguen triunfar en la esclavitud, viven un tiempo sin orden.



5. Tal vez la figura más general con la cual Vanesa Guerra nos invita a pensar en y con Walser sea la del Yo en fuga, un yo plural: “Walser crea y se re-crea, en el sentido de se re-inventa”.



6. ¿Hay algo por afuera de la lengua? Guerra dialoga e intuye en lo dicho, en un diálogo con la parcial ausencia de Walser, pero con sus palabras como otro cuerpo. Un descorrimiento de velos, un hablar desvelado. Y de ese encuentro de múltiples focos de interrogación –la pluralidad de Walser que Guerra descubre– nace un nuevo cuerpo-tiempo-espacio tan abierto que se parece a un yo plural: la concreción del propio libro.



7. Walser para Guerra es por lo menos dos cosas: escritura/pensamiento en el acto de desplazarse/cuerpo caminante. Guerra lo busca entonces en las Gedankenspaziergänge (caminatas del pensamiento).



8. Guerra dice que no le interesa Walser, el Walser-ser sino su obra: “solo pienso o vibro en su letra, tan corpórea y evanescente, tan salida de sí, tan pariéndolo como si fuera su propio hijo, afuerísima, letra afuerísima del cuerpo, fugada del yo”. Al mismo tiempo descompone el nombre, ¿y qué es un nombre en la institución literatura sino una mediación del ser? “Walser: Va-al-Ser / va-hacia-el-ser / va-cía-el-ser”. Pero Walser, “caminante sin par”, puede ser puesto a bailar en un nuevo desplazamiento: el principio del movimiento que el escritor lleva inscripto en el nombre y en la vida: Walser < Walzer < Walzen (girar o rodar), el principio del vals y de Walser.



9. A Walser lo recuerdan en Suiza y acaso lo recordamos en Europa por los Mikrogramme (microgramas), que son objetos artísticos en sí: que se pueden mirar sin “leer”. Una forma de la escritura que él mismo bautizó como Bleistiftgebiet (método/territorio del lápiz). Ahí estaba cifrado el sütterlin, una especie de forma del gótico cursivo. Al comienzo se percibieron esas páginas como garabatos de un loco y tardamos en descubrir que ahí había letras e historias más que imágenes. Cuatro lectores atentos y progresivos los descifraron –Jochen Greven (el inventor del concepto de “microgramas”), Martin Jürgens, Bernhard Echte y Werner Morlag– y sobre el filo del siglo XXI terminó de aparecer una obra de Walser en seis volúmenes: Aus dem Bleistiftgebiet (Desde la región del lápiz).



10. Otro signo bajo el cual Vanesa Guerra nos invita a pensar en Walser es el limbo. Ahí Dante había puesto a los grandes filósofos de la historia de la humanidad que habían nacido antes de Cristo y que pese a haber muerto con el “pecado original”, por su labor, por sus palabras, esto es, la reflexión sobre el mundo, no merecían el infierno. Tampoco el paraíso: por cierto, más aburrido que el infierno. El limbo para Guerra es un lugar “fuera de la salvación, fuera de la maldición”. Una tierra media: y ahí dice están las criaturas de Walser: sin dios ni ley ni destino.



11. Cuerpo: espasmo y sostén. Y lectura: 12.



12. Lectura. La lectura es trabada porque la lengua de la narración de Guerra se densifica en los signos de la poesía. El libro entrama una poética y entonces avanzamos al paso de la reflexión. Hay un estado de inmovilidad en la lengua que nos presenta. Momentáneo por cierto. Es el lento paladeo de la lengua en el bosque de los signos de Walser. Pero esa lentitud en un momento interpone su negación y es entonces cuándo la progresión de los signos se hace fluida: hemos entrado en el mundo de Walser-Krieg y avanzamos en la noche con fulgores. Sobre todo, cuándo el libro nos transporta a una lectura feminista de Elfriede Jelinek sin soluciones de continuidad (¿aparentes?) con Walser, pero sí con Guerra.



13. Ciudad. Buenos Aires es a Arlt como Berlín es a Walser: Krieg entrama un largo paralelismo entre Walser y Berlín. En ambos, la ciudad y el escritor, se encuentra reinscripto un mismo principio: el movimiento. Y además, como agregado, aquí (en estas notas que se traman cual textura deshilachada) surge la idea de que no hay literatura sin lugar: pues no hay literatura sin ciudad (por lo menos en Europa, pues en América Latina las cosas siempre tienen algunos leves tintes de matices). Y acaso sería posible postular que Walser en la Argentina se traduce como Arlt: escrituras nerviosas, escrituras caminantes, sendas ciudades, personajes paseadores. O mejor: Walser > Walder > Balder. Un amor agresivo.



14. Lengua. “Walser se ha entrenado para una vida en la clandestinidad”. Por lo menos en la clandestinidad de la lengua. Walser escribe en Hochdeutsch (alto alemán; el alemán de Alemania), una lengua diáfana que lxs suizxs hablan/escriben con cierto sentimiento de “otredad” respecto de lxs alemanxs. Guerra tiene una hipótesis al respecto: “Se niega y escribe en alemán porque no es una lengua de minorías, cómo sí lo es su lengua materna, porque RW cree que el arte debe entregarse a lenguas ‘mayores’”. Pero acaso ¿hay lenguas mayores y menores? En un principio, hay lenguas para ciertos usos y distintos circuitos comunicativos. En todas las latitudes de Europa, al menos lingüísticamente, hay un estado de “bipolaridad” entre el dialecto de los afectos y de la comunicación diaria y la lengua nacional (Suiza tiene cuatro lenguas oficiales: alemán, francés, italiano, romanche; en orden de prelación) propia de las burocracias, las instituciones y las formalidades. La mayoría de los países europeos a lo largo de la historia tuvo experiencias coloniales. Esas etapas de proyección capitalista fueron precedidas por experiencia semicoloniales, “puertas adentro”, hacia el interior de Europa. Y el Estado nacional, que recoge la experiencia semicolonial antes y colonial después, ha condenado a las culturas regionales e intentado minimizar (con éxitos impares) al máximo las culturas territoriales y sus habitantes: en términos lingüísticos, les (nos) ha inculcado sabiamente que los “dialectos” son lenguas “menores”. Walser: semicolonizado. Pero con un pliegue: su deseo de reconocimiento, su voluntad de ser un escritor de su época, su alemán de mayorías, fracasan; su lengua sin ley es goce y no utilidad.



15. Abrir. Walser, traductor del limbo trae a la Argentina un escritor relativamente remoto para nuestra institución literaria y lo presenta con una lengua que no se tienta en el academicismo, que se acerca más a las densidades de la poesía. Una lengua que choca con la (presunta) uniformidad de la lengua del espectáculo, esa que apela al sentido común de las audiencias a las que se dirige y que pretende ser garante de la “buena comunicación”: lineal y transparente, regular y uniforme. Pues bien, el Walser de Vanesa Guerra es todo lo contrario, pues podríamos decir, usando las mismas palabras que encontramos en el libro, referidas a Bartleby, que nos habla desde una zona “donde la lengua muestra su extranjería, su otredad, su rareza, su corazón ajeno”. Por eso mismo, vale bienvenir este libro e insertarlo en las derivas de nuestras lecturas.


Iluminarse con la noche < 18 notas por LATFEM.ORG

http://latfem.org/iluminarse-con-la-noche-18-notas-sobre-walser-traductor-del-limbo/
nota del 1ro de diciembre de 2017




jueves, 14 de diciembre de 2017

La traductora del limbo de Robert Walser por Juan Pablo Capdevielle


La traductora del limbo de Robert Walser
por Juan Pablo Capdevielle


(Para una presentación de Robert Walser, traductor del Limbo. Un ensayo de Vanesa Guerra)


La traductora del Limbo de Robert Walser, pasea poéticamente en su ensayo por los paseos Walserianos haciendo una articulación impecable entre algunos rastros biográficos del apátrida a quien el cantón suizo de Berna recibió en su nacimiento, y una fina lectura de cómo hay diversas formas de habitar en el lenguaje.
Como escritora y como psicoanalista, Vanesa Guerra invita a pensar una época, a imaginarla, a través de escritura y letra descarnada de RW, y a pensar en cómo en algunos casos, el entorno, el mundo, su cultura y su momento, son los dueños del destino de una persona. Así se abre lugar a una disyunción, una bifurcación: hacia pensar qué es una estructura que porta un yo constituido, de cómo la cultura influye a una persona en la constitución fantasmática; y/o hacia pensar en los casos en que la fragilidad del yo no permite contar con el abrazo tierno o feroz, pero abrazo al fin, del velo del singular fantasma, esa película con la que cada uno se conecta con el objeto y percibe la realidad, y entonces, a merced de Otro dominante, poderoso y total, la persona se viste y desviste al compás de la propuesta de la actualidad, del momento, de los avatares tempestuosos que irrumpen y se llevan por delante sin más el precario orden de una vida armada de alguien, que sin defensas se desmorona acompasando los movimientos de un afuera. Su interior, es muy débil…

Independientemente de la lecturas que ya han ofrecido de este Ensayo reconocidos escritores, con fraterno y amoroso gesto, la escritora VG me invita una vez más a presentar un nuevo libro suyo. Haré propicia la ocasión para leer en su escritura de este biennacido “ Walser: El traductor del limbo” algunos recortes que realiza netamente de desde su otro costado: psicoanalista.
Con belleza y crudeza, deja en exposición clara, a la vista, con minuciosa disección la geografía psíquica de un sujeto con el yo flojo. Como si el yo estuviera, pero no está, como que se desarma. Punto tan temido en algunos de cualquiera de nosotros cuando la angustia nos desborda, que decimos “estamos desatados” “ estoy que reviento”… algunos solo decimos que nos desatamos, pero en el fondo no nos desatamos nada, y no reventamos, y otros… lo decimos y nos desatamos, reventamos, y otros, no decimos nada y nos desatamos también, reventamos. Entonces, hay de los que se desatan, y de los que no se desatan. Los que revientan y los que no revientan. Los que dicen que revientan y no revientan, y de los que dicen
que revientan, y sí, revientan, y de los que no dicen nada y revientan. Pero, agrego, de uno u otro modo que sea, hay un punto en algunos al extremo rebelde de aceptar la fatalidad de lo perecedero, y en otros sin punto, que habitan el amargado hastío del mundo, como dice Freud, pero a la larga o a la corta, todos, pero todos, reventamos. Naturaleza obliga.

Sin la pretensión, y menos en esta actualidad en la que la mayoría trabajamos en la apuesta por la subjetividad de cada uno dentro del mar de sus posibilidades, de acercarnos a ningún atrevido diagnóstico presuntivo sobre el estado psíquico de Robert Walser, me veo atraído por dialogar y pensar con Vanesa sobre algunas de sus, a mi criterio geniales observaciones y articulaciones sobre el peso de la realidad sin filtro y sus consecuencias.

Decía sobre un paseo poético de VG por los paseos paseados y que pasearon a RW cuando inicié esta presentación. Poiesis es creación, es producción. En su Banquete, Platón así define a la poiesis: “ La causa que convierte cualquier cosa que consideramos de no- ser, a ser”. Así que lo que hace la traductora del limbo de Walser durante este Ensayo es crear una red de contención para que el lector pueda aceptar que hay veces en que la traducción no es posible, porque no hay el límite que marque, que cifre un comienzo a partir de algo que se da por no sabido, se lo acepta así, perdido y constituyente. Hay casos, en que lo perdido constituyente no porta el valor de la cosa, de das ding, alrededor de lo cual el mundo subjetivo da vueltas, porque es un pretendido perdido que cobra inmanencia, presencia, potencia, a cada vez que algo de lo que acontecía particularmente acomodado, se corre. Lo que quiero decir es que la poesía de VG nos conecta, te linkea con eso extraño y desconocido, que se muestra, aparece y oculta a la vez en la magia del instante de la vida de un creador que sobre sí, hizo historia, como padre sin padre, como huérfano de padre, que algo del padre portaba y le alcanzó para pasear de distintos modos por una vida que sin vivir y vivida a su pesar, lo vivió. Parafraseando a VG, vivió y la vida lo vivió…
En su acto poético VG hace ser a RW.
Robert Walser, no hace historia, no pretende ni puede porque no puede dar por perdido, porque hay algo que no pierde, porque experimenta la realización del todo que en la imposibilidad del infinito acontece sin corte. Así, la reminiscencia es el modo con que su escritura da soporte en tanto artificio que enlaza, enhebra de manera protética la armadura de su yo. Artificio que sucumbe a las imposiciones del entorno que desacomoda lo
que estaba acomodado e impacta de manera unísona haciendo trastabillar cierto modo de estabilidad? de algún período en el paseo de Walser por la vida que sin querer vive y lo vive. La vida lo vive.
Ahora bien, como se trata de una lectura sin prejuicios, tanto la de VG como la que intento compartir, más allá de esta experiencia del infinito infinitesimal de la micrografía, hace falta recalcar que RW participa de la cuenta de la existencia, puesto que la escritura, su función, la función de la escritura está ligada a la existencia: entre trazo y trazo opera algo del cese, algo cesa de no escribirse, es decir que por un lado se escribió y por otro, cesó, y eso, plantea un corte que es del orden de la contingencia. Más allá de sí, a pesar de sí, Walser encuentra su camino, el de la escritura que en tanto tal, juega en sus silencios con el corte y así hace posible que sea leída.
Y para entender a Walser, la escritura no es una constante. No alcanza a todo el tiempo orgánico. Pero, entonces, RW si bien vive en una suerte de excepción, exceptuado de ciertos goces que hacen gala de quien habite en el capitalismo, goza a su manera la vida, una vida casi exceptuada del cuerpo.
Walser escribe como un tren que anda, camina sin un destino preciso, y VG invita a su lectura preparándonos en todo momento a cómo sería posible seguirle el tren: sin tiempo ni espacio, en una experiencia que se asemeja a la travesía por una escena sin escenario, sin marco, un paseo por lo infinito sin marca.
En el ensayo de VG insiste una pregunta: Walser, recuerda?

Freud habla del ego, haciendo alusión al yo, y dice que guarda una relación especial con lo que se llama la superficie del cuerpo. Dicha superficie está reflejada en una forma. No hay de la forma, si no hay una superficie, y cuando se piensa en esa forma, ésta se define por su superficie, en lo idéntico. Así el hombre sabe que es un cuerpo, pero, aunque no lo sepa, eso, está en su interior. Se aprehende como cuerpo, y como forma vacía de cuerpo en un movimiento de báscula entre él y el otro. En psicoanálisis pensamos que se trata de una suerte de anterioridad que habita al humano hablante, se trata de una anterioridad que no es cronológica, sino que es lógica.
Hay cuerpo a condición del lenguaje, y mi pregunta es si RW habita en el lenguaje tan solo, o si acaso puede transaccionar con él. El lenguaje no es el ser que habla, está ahí, no es un invento del ser hablante, y habitar el lenguaje y transaccionar con él, implicaría a la lengua que nos embebe cuando al mundo llegamos, en general, la lengua materna, de la que cada
quien de acuerdo a ciertas posibilidades, hace la suya propia. Esto, en RW, parce que no se pudo alzcanzar…





Si el cuerpo tiene superficies, que son bordes, se trata de una porción limitada en el espacio. Tiene un exterior. Hay exterior a condición de un interior. Esto depende de una operación de corte necesario para que se produzca el juego interior- exterior, coincidiendo ambos entre sí. Cuerpo es resultado de un abrazo de ciertas operaciones a la palabra, al lenguaje y a lo que en psicoanálisis se denomina pulsión. Así, el cuerpo no es una bolsa de huesos, músculos y órganos.
En Freud, la identidad corporal quiere decir que cuerpo guarda relación con la imagen del yo, con una imagen yoica. Es decir que existe una aprehensión del cuerpo a partir de la estructuración del yo.
Como Bartleby el escribiente, el personaje que hace cita VG de la obra de Melville, al que se lo describió como “pálidamente pulcro”, “ lamentablemente respetable” o “ incurablemente solitario”, podría ubicarse en RW la misma respuesta ante el requerimiento o presencia del semejante o del mundo: “I would prefer not to.” Prefería no… ruptura como plantea Vanesa entre la palabra y el acto.

El yo se instala a partir de la directiva de lo que conocemos por narcisismo en función de un modelo que es el “ otro”. Así puede deducirse que el yo es relativo al lazo social, se instala el objeto, y es a partir del objeto, que el yo vuelve como modelo. Se produce en ciertos tiempos instituyentes un corte, a partir del cual el/ los objetos quedan afuera, y el cuerpo goza luego de esos objetos, con esos objetos y sus representantes, que operado el corte estructural, ya no se poseen. En RW, de manera sutil y a la vez aguda, la autora explica con pluma ejemplar que ese corte no se ha producido. RW experimenta el éxtasis y se procura un armadura en el acto de la escritura, dice VG: “ … el estado de éxtasis arroja al Yo fuera de sí, y lo amasa con el mundo… el Yo hace Uno, estas ficciones repentinas son sello de la obra de RW, son su máquina de creación. Walser en lo repentino del encuentro se ama en el mundo que descubre y ese mundo lo ama y lo descubre a él, ( y él recibe el amor, se colma y lo agradece)”
Una noción que no querría dejar de lado, y para concluir, es la del amor.
Escribía RW: “ Que voy a hacer con los sentimientos sino dejarlos agitarse y morir cual peces en la arena del lenguaje? Acabaré conmigo en cuanto termine de escribir poesía, y eso me alegra…”
VG interpreta algo que no quiero dejar pasar por alto, en relación a la experiencia del amor en RW: algo así como un amor sin destino, que enferma. Los personajes Walserianos se transforman en el objeto que
aman, ellos son los objetos, entonces el amor vuelve sobre sí sin dar vueltas por el mundo. Jung planteaba para algunos casos algo así como cierta metamorfosis de la libido, como introvertida, encallada sobre el mundo el mundo interior, sin posibilidades de transacción con los objetos del mundo.
No es sin amor que accedemos a la estructura, y no es sin amor que accedemos al cuerpo. Se vive en muchos casos, se sufre y se padece, se goza y se percibe de acuerdo a la modalidad que nos hemos creado en relación a cuánto y como fuimos o no amados en un tiempo perimido al que en muchos casos el recuerdo no accede, y que solo se puede suponer de él, a partir de las construcciones que cada quien realice en su recorrido personal, por ejemplo, un psicoanálisis.
Ese tiempo perimido en RW es difícil de suponer. Escribe el autor: “ Casas, huertos y personas se transformaban en sonidos, todos los objetos parecían un solo espíritu y una sola ternura… Yo me había convertido en un interior, y paseaba como por un interior; todo lo exterior se volvió sueño, lo hasta entonces comprendido, incomprensible. Desde la superficie, me precipité a la fabulosa profundidad que en ese momento reconocía como el bien. Aquello que entendemos y amamos nos entiende y nos ama también. Yo ya no era yo, era otro, y precisamente por eso otra vez era yo…”
Es el amor que trae a los analizantes al consultorio de un analista, en cualquiera de sus vicisitudes. Se lo puede ubicar en términos del narcisismo para pensar esas modalidades de las que hablaba, de cómo cada quien entra al lenguaje, trámite que implica la posibilidad de un cuerpo.
Pero, hay distintos tipos de amor, el que tiende a hacer de dos, uno. Es el amor fusional. Que implica un uno completo. Y también hay un amor que concierne a la discontinuidad, y que propicia la entrada al lenguaje, agujereando justamente, y delimitando borde, que demarca un límite entre lo posible y lo imposible de acceder.
La experiencia de RW, que es la que nos propone, invita de su mano generosa a leer, a recorrer, es la del paseo por lo imposible. Paseo por eso siniestro que tanto se teme y que de a pedacitos a veces sobreviene en la vida de cualquiera de nosotros a través de una pesadilla por ejemplo, que implica tiempo sin tiempo, espacio sin espacio, movimiento en un silencio que hace en su ausencia de sonido algo así como una marca para que nada se mueva. Lo indescriptible de lo que habita en un agujero que no es, pues no tiene borde.





Los invito a todos a sumarse a la experiencia de la lectura de “ Walser, Traductor del Limbo.”


Juan Pablo Capdevielle, Jujuy, 25 de noviembre en Culturarte. Centro Cultural y Museo. Secretaria de Cultura de Jujuy. Argentina





viernes, 3 de noviembre de 2017

Paseo por la Lengua> por Augusto Munaro


Paseo por la Lengua por Augusto Munaro



Paseo por la Lengua
Por Augusto Munaro

Tenemos aquí una curiosa pseudo biografía sobre uno de los escritores más elusivos de lengua alemana: Robert Walser (1878-1956). Una suerte de ensayo personalísimo con forma de biografía intervenida. Guerra, siempre atenta al pulso de la lengua, vibra en la letra evanescente de W, aquel hombre que andaba por el mundo sin historia; el autor de novelas como Los hermanos Tanner y El ayudante. Guerra entra de lleno en W, y su singular modo de concebir el tiempo y el espacio para hacerlos visibles como expresión de una idea hecha lenguaje. Se afinca en el misterio de quien quería dejar la vida “lo menos vivida posible”, viviendo a puro presente. Pero también, el apasible y olvidado loco que pasó más de un cuarto de siglo internado en varios neurosiquiátricos de Waldau y Herisau. El poeta pobre, la inspiración de Kafka y Hesse, y tantos escritores más. Pero dijimos, no es en absoluto una biografía convencional.

Walser, traductor del limbo, a su vez, claro, es una narración en perpetua fuga. No intenta desentrañar una vida (o, acaso, estríctamente temas walserianos), no. Sino sobre todo un estilo. La pulsión de un espíritu hecho letra. Arrojar cierta luz sobre su misteriosa escritura despersonalizada. Su talento, por ejemplo, de poner su atención descriptiva en lo minúsculo. Un amor mundi que lo abarca todo, desde una imperceptible piedra hasta la idea más alta de Dios. En esa búsqueda la autora crea y se re-crea; se reinventa en pura apertura, flujo: movimiento. Así, Guerra le declara la guerra al lenguaje. Se mete de lleno en sus plieges. Pliegues expansivos, como las capas de sonido producidos por el saxo de John Coltrane en su perpetua voluntad de infinita variación. Leemos en un pasaje del libro: “Walser: Va-al-Ser/ va-hacia-el-ser”. El movimiento, dijimos, como experiencia mística del instante. Aquí el éxtasis. Una voz que piensa y repiensa la lengua de W y lo hace para fundar una nueva respiración. De este modo, el lector puede revivir esa textura de su decir abierta a la extraña voluntad de desaparición. Un pulso errante entre transición y tenue fugacidad, tal como la supo elaborar el santo loco en sus Microgramas, o en su inconclusa obra maestra: El bandido. Como en La leyenda de Jorge Bonino de Héctor Libertella o el glorioso Salto de mata de Hugo Savino, Guerra, logra un modo de lectura, el de experimentar el tiempo y el tiempo en la palabra. En la eterna fugacidad de la palabra escrita.

Walser, traductor del limbo (2017)

Autora: Vanesa Guerra

Editorial: Bajo la Luna, Argentina

Género: ensayo





Publicado originalmente en Solo Tempestad
1ro de noviembre 2017

viernes, 13 de octubre de 2017

Huérfano de Padres

Reseña Diario Pagina12. Suplemento Las 12 por Paula Jiménez España
LAS12



13 de octubre de 2017

Visto y leido

Huérfano de padres

En jugoso diálogo con la austríaca Elfried Jelinek, Vanesa Guerra recupera la figura de Robert Walser, el escritor expatriado y ajeno a su propia lengua.


Por Paula Jiménez España









Walser, traductor del limbo, de Vanesa Guerra, es un ensayo inspirado en la vida y la obra de Robert Walser, el escritor suizo que ha cosechado miles de lectores en el mundo entero fanatizados no solo con sus libros sino también con la escritura de sus 526 textos microgramáticos, es decir, hechos de una tipografía prácticamente invisible de tan pequeña. Walser es un escritor varón criado como las flores silvestres, al margen de la gran ruta, de los parámetros estéticos hegemónicos y por eso Guerra lo presenta en la misma línea que al famoso Franz, dice: “lo confirmamos huérfano de todos los grandes padres. Huérfano generoso en paternidad con Kafka y con todos los hijos de Kafka”. Robert Walser nació en 1878, en el cantón de Berna, en una pequeña ciudad llamada Bien o Biell y es autor, entre otros libros, del memorable El paseo, de cuyo personaje, un paseante, dice Guerra: “Aunque camine y camine, no puede llegar a él” (a sí mismo). En la misma dirección se podría decir que tampoco esta narradora y ensayista argentina, aunque camine y camine, pretende llegar a una verdad única sobre el interior del extraño Walser ni sobre el resto de los autores que desfilan por las páginas de este libro. La autora busca abrir asociaciones con otras escrituras, como las de Macedonio Fernández, Herman Melville o E.T.A. Hoffman, de quien dice: “Hoffman escribe en ese borde; sus personajes encarnan la pasión de no ser dueños de su propia lengua”. Sin duda, todos estos, al igual que Walser, mantienen con la lengua y con la cultura una relación particular, como de cierta ajenidad (el famoso Bartleby, el escribiente, de Melville, respondía automáticamente ante las tareas que le encomendaban en su trabajo: “Preferiría no hacerlo”). A la lista de escritores en diálogo con este suizo, Guerra trae también a la austríaca Elfried Jelinek, ganadora -muy a su pesar- del Nobel en 2005. De su literatura, que Vanesa Guerra describe muy acertadamente como “la música de la ira”, dice algo así como que se apropia de la lengua opresora, devolviendo al/la incomodadx lectorx la brutalidad previamente recibida. En las antípodas de esta bravura, Walser presenta una performatividad excesivamente pacífica que aspira a irse de la vida dejándola “lo menos vivida posible”. Una suerte de “cero a la izquierda”, no pretende implicancias protagónicas ni acepta ensuciarse las manos más que con la tinta con la que escribe sus microgramas (“La existencia no entra en el yo. Yo: qué cuerpo más pequeño tienes”, dice Guerra como haciéndole un guiño a ese modo modestísimo de transcurrir). De esta lectura indirectamente comparativa que hace Guerra entre Walser y Jelinek, se puede concluir que ambos son dos expulsados del paraíso patriarcal, dos insurrectos, uno por renunciar al falo y la otra por su empoderamiento.

Siguiendo el ritmo calmo del paseo walseriano (pasear no es pasar, apunta Vanesa), la escritura de este libro no es nunca tensa ni preocupada. Entre el psicoanálisis, las lecturas literarias y la filosofía, este texto va dando a luz revelaciones poéticas a medida que avanza. “La existencia no entra en el yo. Yo: qué cuerpo más pequeño tienes”, dice, en un juego de proporciones que sostienen también la gran obra walseriana en los trazos mínimos de su escritura. “Debo decir que cada vez que escribo Walser, no pienso en él, no pienso en ese hombre delgado, grosero y elegante, caminante sin par, bebedor de cerveza en cantinas dispersas a la vera o entreveradas en los bosques de los Alpes, no; no. Pienso en su letra, tan corpórea al tiempo que evanescente, tan salida de sí”, confiesa Guerra.


Huérfano de padres  por Paula Jiménez España


Huérfano de padres por Paula Jiménez España



viernes, 29 de septiembre de 2017

A propósito de Walser, traductor del limbo > Tenemos que estar angustiados para hacer estallar la lengua del eslogan

A propósito de Robert Walser
Diario Tiempo Argentino/ Cultura / 28 de setiembre de 2017

Hacer estallar la lengua del Eslogan por Juliana Corbelli

Entrevista Juliana Corbelli


Tenemos que estar angustiados para hacer estallar la lengua del eslogan


La escritora y analista publicó su quinto libro, Walser traductor del limbo, texto clave para entender una escritura del éxtasis que se distingue de un presente signado por la palabra vacía.





Foto Diego Martínez


“Con este libro quise dar cuenta de una experiencia", explica la escritora y analista Vanesa Guerra en la presentación de su libro Walser, traductor del limbo (Bajo la luna), un conjunto de ensayos breves sobre el particular escritor suizo Robert Walser. El poeta caminante había acumulado un kilometraje de textos y recorridos por la cosmopolita Berlín previa al Tercer Reich con vastos destinos, alcanzando así una escritura en estado de éxtasis, donde cuerpo y texto se entrecruzan, acalambrados.


La escritora de cuentos y novelas, editora de la revista transdisciplinaria Con-Versiones, esta vez ensaya de un modo poético textos breves que pueden leerse en clave para entender (acaso correrse de) la lengua actual del eslogan, un discurso vacío y convocante de masas, en función de una experiencia que provoca la afirmación de un "yo que crea al capitalismo" con "sensación y cosificación de felicidad": la 'lengua Macri'.


"La noche en sí misma es un ángel" recuerda la autora y suma belleza, "un mensajero; y lo sabemos cuando la noche ha pasado, cuando la oscuridad devuelve por la mañana todas las cosas. La relación de Walser con la oscuridad y el despertar, es una relación diversa, acaso más intensa".


Guerra después de haber leído por más de una década la singularidad de Walser elige al paseante perturbado porque “la noche le sigue hablando, hay una voz permanente que duerme sin dormir, y que no encuentra calma." Es un autor que se libera del yo: "Walser, va al ser" se enamora de un tren que silba en las colinas, sin metáfora ni símbolo. Esa experiencia arrobadora del amor atravesaba su cuerpo de modo insoportable, acaso sin cura. Y debía hacer poesía con ese amor que lo disolvía en el estado de vacío.


"Salir de la 'lengua Macri' es correrse del uso informativo del lenguaje, es correrse del “yo soy”, y de todo modo robótico de obedecer a la buena idea. La buena idea siempre es un eslogan, una frase hecha, algo que no produce ninguna pregunta". De ahí, Walser en su pluma hoy, ya difundido por Tiempo Argentino en el suplemento dominical por el año 2011, a cargo de la escritora que adelantó sus lecturas desde la prensa centrando su interés constante por el traductor del limbo.


-¿Qué te conmovió de Walser?


-La lengua Walser conmovió mi cuerpo y el yo que lo representa en este mundo; lo dispuso al movimiento, a desanclar de toda identidad. Leía a Walser por la mañana, a Elfriede Jelinek por la noche, a Agamben por la tarde, a Sylvie Le Poulichet en los entretiempos. Esa comunidad inicial se paseaba por las ideas prestablecidas, me atropellaba, corría mi eje. El primer libro de Walser lo encontré en el camino, recuerdo largos paseos a pie con un artista amigo, andábamos desaforados, mordidos por la angustia de los 90, y un día encontramos La rosa, y enloquecimos: “Los puentes que atraviesas, te alegran”. Entre la felicidad y el desamparo la diferencia es mínima, es una rosa a la intemperie.


-En tu libro es explícito el “yo afuerísima”. Podemos pensarlo de un modo existencialista u ontológico, pero es claro que es otra cosa. ¿Qué significa el "yo fuera del yo"?


-Hay modos del misticismo y del éxtasis donde el yo no cuenta, está disuelto porque, de lo contrario, la experiencia de meditación sería imposible. Porque ese yo constriñe la experiencia existencial, le inserta un nombre, la cosifica, la atrapa en un sexo. El yo procede con una posesividad tremenda: produce un modo del amor territorial y ese modo del amor habilita el capitalismo. Walser está corrido de ahí, nada le pertenece, tampoco se pertenece, anda por la vida experimentando un amor que lo inunda, él es un rebalsado, lo que resta de un yo que se ha dado a la fuga.


-¿Cómo es escribir desde el éxtasis?


-Es algo parecido a levitar, un fluir por fuera del tiempo y del espacio. Walser comienza escribiendo de otro modo, pero a medida que pasan los años, va experimentando una imposibilidad de formar parte de los nuevos ritmos de vida. Cuando deja su cantón suizo alemán, se va a vivir a una Berlín cosmopolita, esa que vemos en Berlín, sinfonía de una gran ciudad, un lugar en permanente transformación. Allí no había tantos berlineses, como gente de otros lugares. Cuando comienza el avance del Tercer Reich, se queda sin editores ni diario. Eso lo perturba, no puede seguir escribiendo con la pluma, le parece que su cabeza va más rápido y que la mano le acalambra los párrafos, entonces ya internado en un psiquiátrico comienza a refrenar la velocidad con una escritura a lápiz minúscula, compone libros enteros en trocitos de papeles usados que encontraba por ahí, consigue una micrografía bellísima e ilegible, parecen mandalas, él decía que así se curaba.


-¿Por qué leer Walser hoy cuando ya existe una vasta filosofía de los paseantes?


-Quizá nos mueva a pensar a qué costo estamos metidos en este mundo: asfixiados, adentrísimo del yo, bajo el sometimiento de una “lengua” de información que no permite hacer una experiencia poética, o psicoanalítica o mística; esas experiencias bien pueden atentar contra la lengua del amo, la que aplasta texturas, la que obliga a la igualdad fagocitando divergencias. Claro que no es tan fácil entrar en éxtasis (risas), en Walser se da a pesar de él. La “lengua” de la Alemania nazi se emparenta con el eslogan, genera un antídoto contra la angustia, produce un efecto de identificación masiva con la palabra vacía. Creo que tenemos que estar angustiados para hacer estallar esta lengua del eslogan porque la angustia no es el miedo, y tiene una potencia extraordinaria.


Link al Diario

A propósito de Robert Walser





martes, 15 de agosto de 2017

Walser, traductor del Limbo - /Dios nos quiere siervos > Vanesa Guerra


“…no leáis siempre y de manera exclusiva esos libros sanos; acercaos un poquito a la llamada literatura enfermiza, de la que tal vez podáis sacar un consuelo vital. La gente sana debería arriesgarse siempre de una u otra manera. ¿Para qué demonios, si no, conservar el sano juicio?¿Para morir un día saludablemente? Vaya un futuro desolador… “
                                                                           Robert Walser




I –
Dios nos quiere siervos

Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada.[1]

Los instrumentos de dios no alcanzan. Dios está con los que no piensan, dios está con quienes hacen algo más que malabares con el miedo, con el miedo de la infancia, esa experiencia pura de velos rasgados, tan temibles como el instante de soledad onírica en el que se sabe con certeza que se está soñando –se está soñando, (uno-él-alguien) a sí mismo-  se sabe, pero ya no se quiere seguir soñando y el despertar del cuerpo no llega, el cuerpo no acude al llamado: la cabeza lúcida, atenta y voraz;
                        y el cuerpo que no ayuda, que no despabila, que obedece a otro amo.
Jacob von Gunten sabe:
Dios mío a veces llego a sentir toda mi estancia aquí como un sueño incomprensible.

Hijo mío tu eres mi ayudante, ni siquiera debo decirte qué es lo que debes hacer, pues lo intuyes, te orbita, habita tu entraña, haz silencio: eres encarnación de mi pedido, mi martillo y mi jabón.









[1] En italic:  Robert Walser, Jacob von Gunten (1909) Madrid, 
Siruela, 2003.

Del libro  > Walser, traductor del limbo 
Vanesa Guerra
Editorial Bajo La Luna, 2017
96 págs.


Presentación de Walser, traductor del limbo
viernes 8 de setiembre 2017 1930hs
Runrun > Aguirre 458 Ciudad de Buenos Aires Argentina.

Todxs invitadxs  !!    >>       www.facebook.com/runrunlibros/






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